domingo, 19 de diciembre de 2010

LA VOZ MACANA EN NUESTRO CAMPO

Por Eduardo Giorlandini

Existen numerosas acepciones de la palabra, de la que se registran no pocos antecedentes, como palabra sudamericana de origen incierto; o caribeña, en cuyo caso designa a un machete de madera dura, que usaban los indios. El objeto y la palabra pasaron al gaucho y al paisano de nuestro campo, siendo utilizada para aplicar a los animales, por antiguos troperos. Con tal significado, cabe afirmar que el vocablo es un americanismo.
Mi propósito es mostrar cómo nuestro hombre de campo utilizó esta especie de garrote y, más, establecer que la palabra formaba parte de su vocabulario, del gaucho y del gauchesco. Y tal es así porque no fue ignorado por folclorólogos, diccionaristas y lexicógrafos.
Se usaron muchas formas de macana. Un dibujo la presenta como un objeto artesanal, una especie de arreador, pues se usaba para arrear el ganado. Es posible que haya existido diferencias entre macana y arreador: la macana pudo haber sido rústica (cabo grueso de madera).
         En sus orígenes, en algunas comunidades aborígenes se usó como macana un mango con una carretilla (mandíbula) de animal grande, que servía para arrear, cazar o pelear; pero adquiere cierta definición entre criollos arreadores y por eso predomina este significado. Hasta puede afirmarse, razonablemente, que todas las especies de macanas pertenecen a una familia, la de arreadores, como todavía se los conoce y se puede ver en los comercios de artesanías.


El fontanar folclórico

En algunas obras de contenido criollo aparece la macana como arreador, pero de cabo grueso, de madera, con zotera o sotera, azotera o asotera corta (una lonja de cuero). Cuando se describe al arreador se hace referencia a un látigo que tiene mango de treinta a cuarenta centímetros aproximadamente y que puede ser de palo, fierro o plata, revestido de un trenzado de tientos u otros componentes; después presenta una trenza de más o menos un metro con una zotera de unos veinticinco centímetros. Nótese la relación y las derivaciones de las palabras: zotera con azotar, en este caso.
Y a propósito de algunas variantes sofisticadas, recuerda Tito Saubidet algo que en mi opinión fue una imitación de antiguos bastones que escondían un estilete: “Han existido arreadores con estoque o estilete ocultos en el interior del cabo. Sucedía así que en una pelea, uno de los adversarios que pretendía arrancar al otro el arreador, se quedaba con el cabo en la mano, mientras el contrario se mantenía con el arma tomada por la empuñadura”. Agrego yo para aclarar el texto: cuando el adversario agarraba el mango del otro, al tironear lo que hacía era sacar la vaina del estilete que quedaba empuñado por el otro.
Podríamos incorporar a la familia de arreadores, al chicote, una suerte de látigo o golpe aplicado con el lazo, como en los versos de Hilario Ascasubi:


 “del lazo, que vino a darle,
de retroceso a Jacinto
un chicotazo tan grande”

 

Sarmiento tiene la “culpa”

Cuando la macana existía en el campo argentino, de acuerdo a lo anotado líneas arriba, el vocablo gana enorme difusión por causa de Domingo Faustino Sarmiento. Cuenta Bernardo González Arrili que Sarmiento intervino en un diálogo, en la Cámara de Diputados de la Nación, siendo ministro del Interior, con un diputado riojano que en la sesión respectiva de dicho órgano legislativo defendía su diploma de diputado.
“-En mis tiempos, señor presidente, cuando, con peligro de nuestras vidas, cruzábamos la cordillera de los Andes arreando para Chile grandes tropas de ganado, a macana limpia, señor presidente..., a macana limpia, señor presidente..., a macana limpia...
Como se interrumpiese sin saber cómo continuar su discurso, Sarmiento interviene: ¿Quiere dejarse de tanta macana el señor diputado e ir no más a la parte fundamental...?”.
En la cámara comenzó a usarse esta palabra cada vez que algún diputado se olvidaba el discurso o tenía alguna laguna, y luego el término invadió la calle. Con el tiempo tuvo numerosas derivaciones idiomáticas y muchos significados, usadas en el idioma vivo del pueblo y el la literatura nacional argentina. Hemos visto registrados vocablos en numerosos autores, en la temática urbana y en la rural.

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